La oveja es negocio, pero hay que poner plata y reconvertirse
La producción ovina en Entre Ríos, desde hace mucho tiempo, está estancada, básicamente por la falta de valor de la lana y la ausencia de un mercado estable para la carne. La tradición ovejera en la provincia, sin embargo, es enorme –en especial en el centro-norte–, pero el sector debe reconvertirse, invertir en genética y tecnología, ir hacia el ciclo completo y trabajar en la comercialización del cordero pesado. Danilo Lima
Osvaldo Ruffini, médico veterinario y productor ganadero, se afincó en Feliciano, en el norte entrerriano, ni bien se graduó en la universidad, y, a pesar de las dificultades, sigue apostando a la producción ovina.
“Desde que me recibí estoy con las ovejas en Feliciano, y, con los años, me fui dando cuenta de que hay que cambiar porque todos nuestros países vecinos ya cambiaron. Brasil hace mucho que comenzó, Paraguay lo mismo, Uruguay sigue haciendo esfuerzos –le cuesta más por su arraigo lanero–, y nosotros quedamos mal, porque el norte del Paralelo 42 quedó descalzado con el tema lana. Y nos morimos ahí, no hubo una reacción del sector –por múltiples causas que sería largo, aburrido y tedioso repasar–, nos quedamos boyando, sin un mercado de referencia porque cuando muere Avellaneda ya no hubo más nadie que dijera cuánto vale la carne”, reseñó.
La consecuencia directa fue la reducción de las majadas, la pérdida de atractivos comerciales para seguir produciendo, el abigeato, los perros, la parasitosis, y, sobre todo, el desaliento, lo que generó un círculo vicioso.
A partir de esta realidad, Ruffini vio que en cada crisis hay una oportunidad para arrancar de nuevo y volver a posicionarse. “Capacitándome, viendo y aprendiendo lo entendí y pude transmitirle esta idea a mi círculo más cercano de productores” porque “si no se origina la oferta nunca va a haber nada que arranque”.
Hace poco, recordó, hubo una exportación de carne ovina desde Entre Ríos a Medio Oriente. “Le pusieron énfasis, le pusieron ganas, cargaron ovejas viejas y carneros, y circunstancialmente cumplieron con la exportación”, pero la cadena de la carne ovina “está fragmentada” y “los primeros eslabones están en el campo. Hay que comenzar ahí, en el campo, y para eso hay que poner plata”, enfatizó.
“Hay que poner plata porque hay que aguantar el cordero un tiempo más si es que queremos darle valor agregado a la producción, y sacar un cordero pesado. No es una gran complicación, hay que ordenarse, acomodar las cosas, trabajar en nutrición y genética –que es una asignatura pendiente–, y dejar de hacer carne con las ovejas que tuvimos siempre, porque, pobrecitas, sirvieron para una época, pero hoy ya no nos sirven más”, observó.
Recomendó, asimismo, ir a un cruzamiento carnicero para lo cual se necesitan otras razas y armar todo el paquete tecnológico, pero, a diferencia del vacuno, el ovino “arranca más rápido” porque “desde el momento de la inversión al comienzo de la producción es un tercio de tiempo respecto del ciclo completo de la vaca”. “Estamos hablando de ocho meses”, destacó Ruffini.
– ¿El productor medio entrerriano está en condiciones para invertir en genética? ¿Tiene espalda?
– Sí, para comprar carneros sí, es lo menos problemático. Estamos hablando de cruzamientos sobre majadas ya establecidas.
El productor, entonces, compra un macho Dolper, Hampshire Down o Texel, que es lo que hay, y con eso puede comenzar. Y dale que va.
Manejo
Ruffini, en este sentido, estimó que ya en el primer año puede haber algunos resultados, pero “si no se quiere arrancar el primer año, porque se considera que primero hay que organizarse un poco, se puede comenzar el segundo año, ya con alguna pastura, asegurando los partos, comprando un Maremmano para que cuide las ovejas, manejar redes eléctricas; es decir, cosas básicas”.
El tiempo del ovino
Ruffini cree que estamos en el tiempo del ovino y consideró que, sobre la base del cordero pesado, el sector puede emular lo que hicieron en su momento –con gran éxito– los productores de cerdos. “Pero hay que ponerla (a la plata)”, insistió.
El modelo porcino se puede replicar en el ovino siempre que se aplique tecnología. “Es más: la devolución es más rápida”, resaltó.
La vaca, ejemplificó, en el mejor de los casos, da un ternero por año. La oveja, en cambio, puede dar un cordero, dos, tres y hasta cuatro. “La raza Santa Inés es una máquina de corderos”, enfatizó.
La demanda
El consumo de carne ovina en la Argentina es muy bajo y, en este sentido, no parece sencillo encontrar la manera para que la población la demande más. La tradición señala que sólo los fines de año el consumo es sostenido, después se esfuma.
Ruffini considera que si los productores se organizan y logran “un doble piso de gordos para salir a ofrecerlo la demanda puede empezar a crecer”, pero es central “armar la masa crítica para que se sepa que la oferta está, y que tenga continuidad”.
Hay, además, “que salir desde donde estamos hacia el entorno social y que, por ejemplo, en las exposiciones rurales, en vez de asado de vaca, haya asado de cordero, o un plato con una chuleta”
“La oveja es negocio, pero hay que reconvertirse”, cerró Ruffini.
Nota publicada en AIRE AGRO
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