Del norte entrerriano al mundo
Con una estrategia que combina genética, producción, agricultura, faena y comercialización, Abuelo Julio busca consolidar una ganadería integrada desde Feliciano hacia los mercados nacionales e internacionales. “Nosotros sentimos que vamos de Entre Ríos al mundo”, señaló Sebastián Castillo, el titular de la empresa. Danilo Lima
Abuelo Julio es una empresa ganadera vinculada con la cabaña Doña Nata, ubicada en el departamento Feliciano, que integra toda la cadena, desde los reproductores y los vientres hasta la cría, la recría, la terminación, la faena, el consumo interno y la exportación.
Tiene presencia comercial en 24 países, trabaja con carne kosher
–aquella que cumple con las normas dietéticas del judaísmo– y acaba de firmar un contrato con un grupo musulmán de Estados Unidos. Produce principalmente animales Braford y también Angus.
El titular de la empresa, Sebastián Castillo (foto), brindó una charla en la reciente 81ª Exposición de la Sociedad Rural de Feliciano, en donde explicó el origen de Abuelo Julio, el desarrollo de la genética, la estrategia comercial y los desafíos que enfrenta la ganadería argentina ante una demanda internacional que, según afirmó, crece más rápido que la oferta.
“Nosotros hoy tenemos presencia comercial en 24 países”, remarcó el empresario, y agregó que en más de 10 de esos mercados la relación con los clientes alcanzó “un nivel de colaboración estrecho, que permite adaptar el producto a las necesidades de cada comprador”.
Raíces felicianeras
Abuelos Julio, el nombre de la empresa, surgió de la historia familiar de Castillo. Su abuelo Julio era un “fanático de la ganadería” y consideraba a Feliciano como su lugar en el mundo. La relación con el campo y con Entre Ríos se mantuvo como parte de la identidad del proyecto.
La familia representa la cuarta generación de productores. Durante años, la actividad estuvo orientada a la producción primaria, principalmente a la cría y la recría, dos eslabones centrales de la ganadería en el norte entrerriano. El cambio de modelo comenzó cuando la empresa incorporó una mirada más amplia sobre el negocio y decidió avanzar sobre la genética y la integración de la cadena.
“Nosotros arrancamos con la cabaña”, señaló Castillo, pero “nos pusimos como objetivo dejar atrás un esquema limitado a la producción de terneros para avanzar hacia un sistema que permitiera controlar más etapas hasta llegar al consumidor”.
La cabaña Doña Ñata se convirtió así en la base genética del proyecto. Para Castillo, la genética resultó determinante para alcanzar productos homogéneos, mejorar el rendimiento de los cortes y responder a las exigencias de los mercados internacionales. “La genética es la base de cualquier producto de calidad cuando hablamos de un producto cárnico”, afirmó.
Genética para distintos mercados
La firma produce principalmente Braford, una raza que Castillo consideró especialmente adecuada para las condiciones del norte de Entre Ríos, pero también desarrolla animales Angus.
La mayor producción se concentró en Braford, precisó, por su capacidad de adaptación, al tiempo que destacó la preferencia de la empresa por “los animales de cara blanca”.
El modelo genético buscó combinar adaptación ambiental, rendimiento y calidad de carne. Castillo señaló que el tipo de animal debe responder tanto a las condiciones productivas como a las demandas de los consumidores y de los distintos canales comerciales.
La empresa apunta a producir animales capaces de desarrollarse en un ambiente con temperaturas elevadas durante el verano y amplitudes térmicas durante el invierno. Al mismo tiempo, busca que los novillos alcancen buenos rendimientos, cortes con marbling – la grasa intramuscular que se encuentra distribuida en forma de pequeñas líneas o puntos blancos dentro del tejido muscular de la carne– y un nivel equilibrado de grasa. “Ese equilibrio permite atender diferentes destinos: restaurantes, hoteles y servicios de catering; plataformas digitales de comercialización de alimentos; y mercados que requieren cortes de gran calibre, como el vinculado con la elaboración de shawarma”, explicó.
Una cadena ganadera integrada
Abuelo Julio busca que los reproductores y los animales que generan permanezcan dentro del sistema productivo hasta cumplir su destino final. Ese destino puede ser la terminación de un novillo o la venta de un reproductor.
La integración también alcanza a la agricultura. La empresa produce en Entre Ríos parte de los granos que utiliza para alimentar a sus animales. La intención es consolidar una fuerte denominación de origen y conectar la producción primaria con los requerimientos de los clientes.
“La agricultura que nosotros hacemos en Entre Ríos es la misma agricultura que alimenta nuestros animales”, señaló.
Castillo, sin embargo, aclaró que la escala propia todavía representa una porción limitada del volumen total que la empresa comercializa. La firma faena alrededor de 1.200 animales por semana, y estimó que entre 200 y 350 provienen de su propio ecosistema productivo. “Hoy estamos en un 15%, o menos y el objetivo es aumentar ese porcentaje”, aunque advirtió que “el crecimiento comercial avanza a un ritmo diferente del crecimiento biológico de la producción ganadera”.
La empresa trabaja con terminación a pasto y con granos, según el tipo de animal y el destino comercial. En todos los casos, Castillo remarcó la importancia de medir los índices productivos, mejorar la conversión de kilos y elevar la eficiencia.
Carne kosher y exportación a 24 países
La carne kosher ocupó un lugar central en el desarrollo comercial de Abuelo Julio. Castillo explicó que el primer contrato de largo plazo de la empresa se vinculó con ese mercado y que todavía continúa con el mismo cliente.
El negocio kosher, enfatizó, adquirió una importancia comparable a la que tuvo en su momento la demanda china para determinados segmentos de la cadena ganadera. El proceso exige comprender las normas religiosas, la selección del ganado y el trabajo de los rabinos en las plantas frigoríficas. “Hoy el negocio sin el kosher es muy difícil, hay que decirlo”, afirmó.
La empresa también fortaleció sus vínculos con el mercado musulmán. Castillo informó que Abuelo Julio firmó un contrato con un grupo de Estados Unidos para vender carne destinada a los carritos de shawarma de las grandes ciudades de ese país.
En total, la firma cuenta con presencia comercial en 24 países. El empresario explicó que el trabajo con los compradores no se limita a vender un corte, sino que incluye conocer el negocio de cada cliente y elaborar productos acordes con sus necesidades.
Una demanda que supera a la oferta
Castillo aseguró que la demanda internacional de carne vacuna se mantuvo amplia y diversa. En ese contexto, consideró que la Argentina debía aprovechar la oportunidad y mejorar su competitividad. “Estoy convencido de que este buen momento se va a sostener en el mundo y que Argentina lo tiene que aprovechar y ser parte”, sostuvo.
El titular de Abuelo Julio aseguró que la demanda crece más rápido que la oferta y eso contribuye a sostener los precios internacionales.
Pero también planteó que el desafío interno consiste en elevar la productividad y la eficiencia, en lugar de depender exclusivamente de una suba de valores.
La cadena, según su mirada, debe alcanzar un equilibrio entre criadores, recriadores, engordadores, frigoríficos y comercializadores. Todos los eslabones deberían obtener una rentabilidad acorde con la tarea que realizan. “La oportunidad que tenemos es de que todos podamos tener una cadena sana”, subrayó.
Castillo también cuestionó las comisiones que consideró excesivas en algunas operaciones de hacienda. Aunque defendió la necesidad de la intermediación, sostuvo que cada participante debe tener una participación lógica dentro de la cadena.
La garrapata
La garrapata bovina, uno de los grandes dolores de cabeza de la ganadería entrerriana, fue otro de los temas abordados por Castillo, pero aclaró que como no es veterinario su análisis corresponde al plano empresarial, no al técnico.
Abuelo Julio se encuentra a unos 20 kilómetros del límite con Corrientes y, según explicó, la empresa ya incorporó la presencia de la garrapata como una condición del sistema productivo. Por esa razón, mantiene inmunizado a todo su plantel y trata a los animales de acuerdo con las características de una zona afectada.
Castillo reconoció que el objetivo de Entre Ríos es convertirse en una provincia libre de garrapata, pero planteó dudas sobre la posibilidad de erradicarla por completo. En su opinión, debería compararse el costo y la eficiencia de las estrategias disponibles. “Me parece que es mejor convivir con la garrapata que querer erradicarla 100%”, opinó.
El empresario también consideró que el abordaje sanitario debería superar los límites provinciales. Si un productor realiza controles y su vecino no lo hace, la estrategia pierde eficacia. “Estas cosas deberían ser más regionales, más de país, no de provincia. La discusión requiere una definición conjunta entre los distintos actores y jurisdicciones involucradas”, consideró.
Mientras tanto, Abuelo Julio mantiene sus animales inmunizados y adapta su manejo a la realidad sanitaria del norte entrerriano.
Nota publicada en AIRE AGRO
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